Antes de empezar

Antes de empezar es importante ponerse en la piel del niño y entender que pasar de utilizar el lápiz al boli significa un gran cambio.

Las diferencias

  • El tacto y sonido que tiene un bolígrafo contra el papel es totalmente distinto a lo que están acostumbrados.
  • Además, puede que manchen la hoja al pasar la mano por las palabras que acaben de escribir.
  • Y lo que supone más presión de todo, ¡No se borra!

Enseña a coger el boli de forma correcta

Enseñarles a coger el boli de forma correcta es quizá uno de los aspectos más importantes, ya que una mala colocación de la mano sobre el papel puede dar lugar a una mala caligrafía y otros problemas posteriores.

Por ello es importante enseñarles a coger el instrumento de escritura con tres puntos de apoyo, para que tengan un buen agarre que les transmita confianza y estabilidad al papel, y a colocar la mano sobre la hoja en el angulo correcto, para que les sea más fácil escribir recto, sin taparse a sí mismos y sin crear manchones de tinta a medida que avanzan.

Hazle saber que no pasa nada si se equivoca

Es importante que los niños sepan que hay cabida para el error. Como ya hemos comentados una de las principales diferencias entre la mina del lápiz y la tinta del boli es que esta no se borra como el anterior (si bien a día de hoy hay algunas tintas que si permiten ser borradas si se utilizan gomas especiales), por lo que los errores pasan a ser automáticamente mucho más visibles.

Todos nos equivocamos, y sin duda los niños también lo harán, por lo que es esencial darles unas pautas a seguir cuando esos errores ocurran, de lo contrario pueden sentir que no son lo suficientemente buenos o que no lo están haciendo bien y frustrarse.

Para gestionar estos errores se puede recurrir a los correctores, más conocidos como “typex” o bien a un tachado simple o doble.

Sea cual sea el método, una vez el niño sepa que dispone de una herramienta para gestionar sus fallos no tendrá tanto miedo a equivocarse.